Es muy probable que algunas personas que hacen comentarios sobre esta tragedia no hayan visto con sus propios ojos los estragos de las guerras. Yo los he visto frente a mi desde 1979 cuando empecé a aplicar mi trabajo en el Hospital de Veteranos en Puerto Rico a sobrevivientes de Corea y Vietnam, en especial miembros del honroso Regimiento Boricua 65 de Infantería, y en años recientes, por igual, a sobrevivientes de los conflictos del Golfo Pérsico, Irak y Afganistán, en el marco de instituciones médicas en los Estados Unidos. Hace algún tiempo atendí en New Jersey a un joven estadounidense de 28 años de edad. Un reclutador militar fue a su universidad a ofrecer villas y castillas. Lo convencieron, lo reclutaron y con un muy breve entrenamiento militar lo enviaron al frente de batalla en Afganistán. Allí fue gravemente herido y por suerte logró sobrevivir. Sentado frente a mí, llorando desconsoladamente me decía: “¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí, si yo tenía ...