¿Puede una República insular, de doble moral, vender sus nalgas por un chin de petróleo o en su defecto por la renegociación de una deuda multimillonaria? Por: Orlando J. Rodríguez Fernández / MADRID, España (Escrito con amor, rabia y nostalgia).- Cómo entenderte, cómo mirarte los ojos en medio de la oscuridad y el apetito de unas ruinas que te contemplan entre musgos y polvo milenario, desnuda entre piedras que alguna vez fueron coloniales, magno espectáculo del asombro y la confundida desnudez. Cómo decirte que hubiera entendido tu confusión si al menos me la explicaras en tus circunstancias de apuros y postraciones, vejámenes de opulencia vil, hurtos nacionales con justicia sin venda, vacuencia de verbos rotos y vacios en el derrotero de una patria coja, enyesada de arriba abajo, purulenta entre los tuétanos del buen vivir y unas malditas pantallas de simulacro democrático, que no soporta el hedor de tus nuevos ricos incultos e insaciables. ¡Cómo dec...